¿Independencia?

INDEPENDENCIA

alternativa moderna, opción de futuro

¿Qué es la independencia?

La independencia significa, para los países, lo que para las personas adultas significa mandarse en su propia casa. Es la forma que prácticamente todos los pueblos del mundo han escogido para gobernarse a sí mismos y ser dueños de su propio destino. La independencia nos capacita para interactuar con el resto del mundo, con personalidad propia, a base de decisiones tomadas por nosotros mismos y no por un gobierno extranjero, o sin tener que pedir permiso.

La independencia es el derecho de nuestro pueblo a mandarse en su propia tierra mediante un gobierno plenamente democrático que proteja los derechos humanos y afirme nuestra nacionalidad e idioma. Es el disfrute de todos los poderes y atributos de la soberanía que son necesarios para lograr mayor desarrollo y prosperidad, incluyendo los poderes para proteger y estimular nuestra industria, agricultura y comercio, controlar la inmigración y negociar acuerdos internacionales que amplíen mercados y promuevan inversiones de otros países.

Puerto Rico debe convertirse en una república soberana, es decir, que debe tener autoridad plena sobre su territorio nacional y sobre sus relaciones internacionales, sin intervención extranjera, y sujeta únicamente a su propia constitución, la cual proveerá para un sistema de gobierno republicano y garantizará la vigencia de los derechos humanos. Naturalmente, los puertorriqueños y puertorriqueñas seremos ciudadanos de la república de Puerto Rico, aunque la ciudadanía americana que se nos impuso la deben poder mantener aquellas personas que interesen retenerla.

En términos económicos, será conveniente, tanto para Puerto Rico como para los Estados Unidos, acordar un tratado de amistad y cooperación entre ambos países que provea un proceso de transición para transformar la economía de dependencia a una de producción y trabajo. Por supuesto, los Estados Unidos vendrán obligados a honrar los derechos adquiridos por las personas en Puerto Rico por aportaciones hechas o servicios brindados a los Estados Unidos antes de la proclama de la independencia. El tratado también contemplará el libre comercio entre ambos países como en la actualidad, y el libre tránsito de personas en una y otra dirección, como ha sido el caso hasta el presente.

¿Qué es una república?

Muchas personas en Puerto Rico dejándose llevar por la desinformación desconocen profundamente lo que es una república.  En palabras simples es un sistema de gobierno que nada tiene que ver con pobreza o riqueza, o comunismo y capitalismo. 

Lo esencial es conocer que es un sistema político que se caracteriza porque es el pueblo quien elige a sus gobernantes mediante el derecho al voto.  Esto es lo que diferencia el sistema republicano de gobierno de las monarquías, las monarquías constitucionales, los estados totalitarios y otras formas de gobierno.  Tradicionalmente se ha definido la república como la forma de gobierno de los países en los que el pueblo tiene la soberanía o facultad para el ejercicio del poder, aunque este último sea delegado por el pueblo soberano en gobernantes que elige de un modo u otro.

Desgraciadamente, en Puerto Rico son muchos los que asocian la palabra “república” con países pobres como Haití, por ejemplo.  La realidad es que en el mundo existen muchas repúblicas con diferentes niveles de desarrollo económico, extensión territorial y sistemas económicos.  Estados Unidos de América, Francia, Irlanda, Venezuela, Italia, Estados Unidos Mexicanos, Grecia, Egipto e Israel, por dar algunos ejemplos, son repúblicas. 

 LAS BECAS PELL Y LA LUCHA POR LA INDEPENDENCIA

A petición de varios estudiantes universitarios elaboré este análisis para explicar las becas Pell dentro del contexto de la economía de Puerto Rico.

1. Algunos Datos (en millones de dólares)

a)

  1991 2000
Becas Pell 312.0 308.5
Recaudaciones Netas
del Gobierno Central
de Fuentes Locales
3,748.5 7,213.6
Becas/ Rentas 8.3% 4.2%

b)

  1991 2000
Rendimientos de Capital Invertido en Puerto Rico, Remitidos al Exterior 11,216.8 23,741.7
Rendimientos de Capital de Puerto Rico Invertidos en el Exterior 1,243.6 1,049.3
Pagos Netos al Exterior (Principalmente a accionistas en EEUU) 9,973.2 22,692.4

 Si dividimos el monto de Becas Pell por los Rendimientos Netos de Capital para cada año obtendríamos la tasa efectiva de contribución sobre ingresos que impuesta sobre las ganancias podrían pagar las Becas Pell.

c)

  1991 2000
Becas/Rendimientos 3.1% 1.36%

A continuación una comparación entre las contribuciones sobre ingreso recaudadas a los propietarios con los ingresos recibidos por éstos:

d)

Contribuciones 1991 2000
Corporaciones y Sociedades 941.9 1,806.8
Repatriaciones 176.9 111.1
Intereses 15.1 11.7
Dividendos 25.6 39.7
TOTAL 1,159.5 1,969.3
Ingresos de Propietarios 14,622.5 29,870.3
Contribución Ingresos de Propietarios 7.9% 6.6%
Contribución Repatriaciones 176.9/11,216.8 111.1/23,741.9
Rendimientos Remitidos al Exterior 1.6% 0.5%

2. Análisis

Como podemos observar, la actividad económica que se genera en Puerto Rico puede financiar el costo de las Becas Pell sin necesidad de imponer una contribución onerosa sobre las ganancias que se originan dentro de Puerto Rico. Por ejemplo: un aumento en la tasa efectiva de contribución sobre repatriaciones de ganancia de .6% a 1.6%, hubiera permitido recaudar 269 millones de dólares más en el 2000. Una política contributiva que hubiera recaudado efectivamente un 1.3% más que lo que se recaudó en el 2000 hubiera generado 390 millones de dólares más; suficientes para cubrir el costo de las becas Pell.

Este tipo de análisis es el que llevó al Congreso de Estados Unidos a eliminar la sección 936 que permitía que los accionistas norteamericanos recibieran miles de millones de dólares sin pagar contribuciones. De esa forma el Gobierno Federal esperaba financiar el costo que para ellos representa muchas de las transferencias que pagan en Puerto Rico. No se ha hecho todavía un análisis de cuanto realmente ha podido recuperar el Gobierno Federal de la eliminación de esa exención. Muchas empresas se han acogido a los beneficios de los créditos contributivos a las inversiones norteamericanas en el exterior. Otras empresas continúan utilizando los créditos por empleo que se extienden hasta el 2005 y otras se han trasladado fuera de Puerto Rico pero no en los Estados Unidos. El hecho contundente es que la actividad económica que se genera en Puerto Rico es capaz de financiar el costo de las Becas Pell en Puerto Rico sin que represente un desincentivo a la inversión privada.

¿Por qué el Gobierno de Puerto Rico no se ha ofrecido a sustituir al Gobierno Federal en ese gasto?

A los gobiernos del PNP no le interesa presumir que el gobierno local puede sustituir al Gobierno Federal en alguna función porque se les cae el argumento de que tenemos que depender siempre del Gobierno Federal. Paradójicamente ese estilo de gobernar es lo que hace a la estadidad inviable para los norteamericanos, que no desean un estado dependiente.

Los gobiernos del PPD no se atreven tampoco, por temor a las grandes empresas que ellos han promovido y que siempre se opondrían a más contribuciones aunque fueran modestas como la que aplicaría en este caso – que sería menos que modesta: ínfima -. Además también le temen al chantaje de los PNP de que al pretender sustituir al Gobierno Federal en alguna función se les acuse de separatistas. Paradójicamente esa actitud timorata del PPD coincide con sectores dentro del Gobierno Federal que no desean que Puerto Rico sea estado pero que desean que Puerto Rico sienta que tiene que depender del Gobierno Federal y así que permanezca como colonia pero sin demandar los derechos políticos que deberían ser el fundamento de la llamada “ciudadanía común”.

En lo que el hacha va y viene las Becas Pell aunque son una transferencia del Gobierno Federal no son un regalo de los norteamericanos cuyos accionistas reciben casi el doble de los que el Gobierno Federal paga en tranferencias a la economía de Puerto Rico. Ello dicho sin analizar que muchas de esas transferencias, como el Seguro Social y las Pensiones de Veteranos, son derechos adquiridos por los individuos, irrespectivamente de su ciudadanía y residencia, por servicios prestados – las aportaciones que hacen patronos y empleados al Seguro Social; y el servicio militar, – en el pasado obligatorio – , de los puertorriqueños que han servido en conflictos sobre los que no han tenido el derecho de escoger si participan o no.

Aproveche sus estudios. Don Pedro estudió en los Estados Unidos y fue oficial del ejercito norteamericano a finales de la Primera Guerra Mundial. Gandhi estudió en Londres y se hizo abogado en Inglaterra. Washington fue Coronel del Ejercito Inglés. El senador Pell era un democráta liberal que me sospecho le hubiera repugnado que la aplicación de su legislación a Puerto Rico se hubiera utilizado para justificar la dependencia. (Este ex-senador favorece la restauración de las relaciones comerciales con Cuba).

 

 

Desarrollo industrial

Puerto Rico podría no sólo sostener sino mejorar su desarrollo industrial gracias a la independencia. Esto se debería principalmente a la capacidad de ampliar fuentes de capital y mercados extranjeros, a la vez que se facilita el desarrollo de la empresa de capital local.

Bajo las disposiciones aplicables del Código de Rentas Internas federal, como la Sección 901, y los tratados contributivos que el gobierno de Estados Unidos acostumbra firmar con naciones amigas, las compañías norteamericanas establecidas en países extranjeros suelen obtener beneficios contributivos comparables con los que la sección 936 ofrecía en Puerto Rico antes de ser derogada. Así lo expresaron estudios de la empresa consultora Peat Marwick y de la Oficina de Presupuesto Congresional (“CBO”). Luego de la derogación de la Sección 936, las disposiciones aplicables a compañías norteamericanas en países independientes han pasado a ser generalmente más favorables para dichas compañías que lo que disponía en su fase final la referida sección combinada con la Sección 30-A (que otorgaba un crédito salarial a las empresas).

Incluso, tanto durante la administración Calderón, como bajo la de Acevedo Vilá, se trató de volver a un esquema de beneficios contributivos exclusivos para las empresas estadounidenses que operan en Puerto Rico, pero todos los intentos fracasaron. La razón es sencilla: en tiempos modernos el gobierno de Estados Unidos ha rechazado los esquemas de subsidios basados en incentivos contributivos y utiliza con mayor eficacia los acuerdos bilaterales y multilaterales amparados en la soberanía de los países con los cuales negocia. La Sección 901 del Código de Rentas Internas federal se amolda a esa nueva realidad.

Además, bajo la independencia Puerto Rico podría atraer más eficazmente capital industrial a través de tratados similares a los que países como Alemania, Francia, Gran Bretaña, Canadá y Japón, entre otros, acostumbran firmar con naciones en desarrollo. Dichos tratados usualmente proveen incentivos contributivos similares a los que antes ofrecía la sección 936 en Puerto Rico. Por carecer de soberanía no hemos podido firmar ningún tratado de esa naturaleza, y no hemos podido aprovechar las oportunidades de desarrollo que esos países nos ofrecen.

La independencia también permitiría revitalizar las industrias de capital local en la manufactura, agricultura y servicios. Al asumir jurisdicción nuestro gobierno sobre el comercio internacional del país, podrían protegerse las industrias locales en sus etapas incipientes como lo hacen todas las naciones libres del mundo. Además, podría abaratarse el costo de insumos industriales o de bienes y servicios de todo tipo que actualmente hay que comprar a precios altos en los Estados Unidos.

Los costos de transportación de mercancías también se abaratarían. Según las leyes de cabotaje de Estados Unidos que nos aplican actualmente, nos vemos obligados a usar la marina mercante americana, que es la más cara del mundo. En la independencia podríamos usar barcos más baratos de otros países para la transportación de materias primas y productos semielaborados y terminados. Esto reduciría dichos costos en cerca de 40% y mejoraría la capacidad de nuestras industrias para competir en el mercado de Estados Unidos.

Por último, mediante tratados comerciales podría facilitarse también el acceso a otros mercados por parte de nuestras empresas, las cuales actualmente son consideradas como empresas norteamericanas para propósitos de terceros países.

 

 

Moneda

El dinero es la medida de valor y por lo tanto la unidad de contabilidad de las transacciones en los mercados. Es el invento de los comerciantes para ampliar el ámbito de la compra y venta de bienes y servicios. El que el dinero o la moneda nacional sirva para realizar transacciones comerciales a través del tiempo lo convierte también en depósito de valor.

 Hoy en día la participación de los estados nacionales en zonas de comercio libre, en acuerdos de mercado común y en acuerdos financieros internacionales – además de la existencia de instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros – hacen del tener una moneda propia como del uso de oro o plata, elementos opcionales a la hora de formular una política monetaria adecuada a los objetivos de desarrollo económico y a la realidad del comercio internacional. Es más importante la capacidad jurídica del gobierno para negociar acuerdos internacionales de todo tipo y reglamentar el sistema financiero que la forma particular que adopte el dinero en su actividad económica. El dinero es el aceite del comercio y lo importante no es qué tipo de aceite sino la capacidad para ajustar la cantidad necesaria al buen funcionamiento de la máquina económica.

 Más allá de la decisión sobre la adopción de la moneda de un país importante en el comercio internacional, como medio de realizar las transacciones mercantiles dentro de la nación, podemos establecer las siguientes conclusiones con relación a la moneda y la independencia:

 *Por encima de la capacidad de un país de emitir su propia moneda – (poder que algunas metrópolis en el pasado le otorgaron a sus colonias sin perder su control sobre ellas) – más importante es la capacidad del gobierno para negociar acuerdos internacionales y reglamentar su sistema financiero.

*El valor de la moneda nacional depende del desarrollo económico y del acceso del país a los mercados internacionales de bienes y servicios y no es al revés. *El dinero es de quien lo tiene, no de quien lo emite. Tanto cuando el dinero era creado por los comerciantes y banqueros privados como cuando es emitido por los estados nacionales, el objetivo era (y es) que el público lo utilizara y lo utilice.

*Con relación al dinero la independencia le confiere al gobierno el derecho a reglamentar la industria financiera y negociar tratados internacionales que le permiten estas tres opciones:

1. Adoptar la moneda de otro país para las transacciones cotidianas del público.  Esto a veces se hace manteniendo simultáneamente una moneda nacional a una tasa de cambio 1:1 con la moneda adoptada – como Panamá con el dólar -. La voluntad del estado nacional emisor no cuenta para nada.

2. Incorporarse a una zona comercial o de mercado común que haya adoptado una moneda común. (Ejemplos: Mercado Común Europeo y Comunidad de Estados del Este del Caribe).

3. Adoptar una moneda propia con libre fluctuación; o atada a las fluctuaciones de una moneda que se use como divisa – como medio de pago internacional – (y que generalmente es la divisa usada por los principales socios comerciales).

El denominador común de estas opciones es que su ejecución y permanencia están sujetas a la voluntad exclusiva del país independiente. La República de Puerto Rico adoptará una de estas opciones de acuerdo a como esté estructurado su comercio internacional a la hora de advenir a la independencia y cuál sería la manera más conveniente de ampliar las fuentes de financiamiento internacional. El Banco Gubernamental de Fomento puede convertirse en Banco Central y prestador de última instancia dentro del sistema financiero puertorriqueño y diseñarse un sistema de aseguramiento de depósitos que puede o no contar con la participación del FDIC o de compañías aseguradoras internacionales. (Actualmente la Corporación de Seguros de Depósitos de las Cooperativas de Ahorro y Crédito opera un seguro local de depósitos para las cooperativas de ahorro y crédito que asegura los depósitos por la misma cantidad que la FDIC lo hace con la banca comercial local).  Ello puede hacerse independientemente de que se siga o no utilizando el dólar como medio de pago para las transacciones cotidianas. 

En síntesis, bajo la independencia Puerto Rico tendrá la facultad que tienen todos los países independientes de emitir su propia moneda. Este poder soberano le permitiría al país establecer su propia política monetaria, emitir el circulante que necesite la economía, establecer y modificar el valor relativo de la moneda nacional frente a otras monedas, y reglamentar las tasas de interés a la luz de nuestras necesidades, para estimular la economía a la vez que controla las tendencias inflacionarias. Como país independiente, Puerto Rico tendrá incluso la opción de tener moneda propia, usar el dólar norteamericano o utilizar ambas.

El nivel de producción de bienes y servicios de un país es el factor que valida el sistema financiero de éste en los aspectos de liquidez, aceptabilidad y capacidad de convertibilidad internacional. La independencia es para propiciar el desarrollo económico de Puerto Rico, lo cual resultará en que tengamos una moneda nacional fuerte, reconocida por puertorriqueños y extranjeros.

 

 

Seguro social y veteranos

Luego del período inicial de transición que permitirá diseñar los detalles de la transformación, comenzará a operar el nuevo sistema puertorriqueño de seguro social, al cual aportarán, como al presente, todos los patronos y empleados en Puerto Rico. De ahí en adelante las personas que se retiren o se incapaciten cobrarán del sistema norteamericano y puertorriqueño, de acuerdo con lo que hayan aportado a cada sistema

 

Ciudadanía y pasaporte

Desde 1917 las leyes de nacionalidad de los Estados Unidos han dispuesto que las personas nacidas en Puerto Rico son automáticamente ciudadanos de los Estados Unidos. En consecuencia, cuando viajamos al exterior nos vemos obligados a usar el pasaporte de Estados Unidos, a donde hemos podido viajar sin restricciones desde el año 1900, incluso antes de que fuéramos ciudadanos de dicho país.

Nunca se nos ha permitido ostentar la ciudadanía que naturalmente le corresponde a la nacionalidad puertorriqueña de la cual somos parte. Jurídicamente se nos ha negado la ciudadanía puertorriqueña que emana de la soberanía que no hemos podido ejercer, mientras que se nos reconoce jurídicamente una ciudadanía ficticia que no corresponde a nuestra nacionalidad.

La independencia implicará el reconocimiento internacional de la ciudadanía puertorriqueña, con todos los derechos y prerrogativas inherentes a una ciudadanía o nacionalidad respaldada por los plenos poderes soberanos de la nación.

Toda persona nacida en Puerto Rico antes o después de la proclama de la independencia será ciudadano de la República de Puerto Rico, y tendrá derecho a utilizar el pasaporte puertorriqueño que expida el gobierno de la república para viajar por el mundo entero.

A partir de ese momento, la ciudadanía americana que ostentan las personas en Puerto Rico dependerá de lo que disponen la Constitución y las leyes de nacionalidad de EE.UU. Aquellas personas que quieran renunciarla por haber adquirido la ciudadanía de la República de Puerto Rico podrán hacerlo. Aquellas personas que quieran retenerla, también podrán hacerlo. Será una decisión individual que protegen la Constitución y las leyes de Estados Unidos.

Luego de proclamada la independencia, las personas que nazcan en Puerto Rico serán ciudadanos de Puerto Rico. Pero además es posible que adquieran la ciudadanía de otros países, incluidos los Estados Unidos, si cumplen con los requisitos que establecen las leyes de esos países. Por ejemplo, si uno de sus padres es ciudadano de Estados Unidos y cumple además con otras condiciones dispuestas en las leyes de nacionalidad de dicho país, el hijo o hija nacida en Puerto Rico puede recibir la ciudadanía estadounidense de sus padres, además de ser ciudadano o ciudadana de Puerto Rico por haber nacido aquí. Estas personas que ostenten dos ciudadanías podrán utilizar cualquiera de los dos pasaportes para viajar al exterior.

 

El comercio con EE UU y otros países

De salida hay que aclarar que mientras en 1960 el 90% de las mercancías importadas provenían de Estados Unidos, en la actualidad sólo el 50% de las mercancías importadas provienen de dicho país, según cifras oficiales. Al presente Puerto Rico exporta al mercado norteamericano el 86% de las mercancías que produce. Al quedar Puerto Rico fuera de las leyes de cabotaje, luego de la independencia será posible abaratar en un 40% el costo de la transportación marítima de las importaciones, lo cual reduciría el costo de vida en el país y mejoraría la capacidad de nuestros productos para competir en el mercado americano.

Los poderes de negociar tratados comerciales con otros países, además de los Estados Unidos, y la capacidad de obtener financiamiento para la industria mediante inversiones procedentes de Asia y Europa – además de Estados Unidos – nos permitirá no depender exclusivamente del mercado norteamericano para nuestro comercio exterior, ni para el financiamiento de nuestra economía.

El Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) y el Acuerdo de Libre Comercio entre cinco países centroamericanos, República Dominicana y Estados Unidos (CAFTA), demuestran que no hay que ser colonia o territorio estadounidense para tener acceso libre al mercado de ese país. Por el contrario, contar con todos los poderes de negociar tratados que solo se logran con la plena soberanía en la independencia – nos permitirá participar como iguales con los demás países del mundo y de nuestra región en las mesas de negociación en que se desenvuelve actualmente la economía global.

 

Ejército y defensa

La independencia es para establecer y mantener excelentes relaciones pacíficas de amistad y cooperación con todos los países del mundo. Por tanto, la institución militar no tendrá función alguna en una República de Puerto Rico que aspira a la eventual desmilitarización total del país. El ejemplo de Costa Rica, donde desde hace décadas se abolieron las fuerzas armadas, es elocuente precedente de cómo puede funcionar en plena democracia un país desmilitarizado.

Para lograr este objetivo de desmilitarización, primero será necesario desmantelar el aparato militar norteamericano que existe en la actualidad, tal como ocurrió en Culebra, Vieques y Ceiba. Afortunadamente, debido al fin de la Guerra Fría, la importancia estratégico-militar de Puerto Rico se ha reducido marcadamente. A eso responde que toda la legislación plebiscitaria que consideró el Congreso de Estados Unidos en los últimos años contemplaba la posibilidad de negociar la eventual desmilitarización del país en la independencia. Nuestro objetivo será, naturalmente, el desmantelamiento de las bases militares de Estados Unidos en Puerto Rico. Esto representaría la devolución de todo nuestro territorio nacional que en la actualidad ocupan las instalaciones militares de Estados Unidos, y que constituyen un importante recurso natural que actualmente no podemos explotar para fines agrícolas, industriales, comerciales o turísticos.

En el siglo XX y lo que va del siglo XXI, ninguna isla del Caribe ha sido invadida por una nación extranjera que no sean los Estados Unidos. Partiendo de que existirá un Tratado de Amistad y Cooperación entre Puerto Rico y Estados Unidos, no podemos esperar de dicho país un acto de agresión dentro del marco de las nuevas relaciones de igualdad y respeto entre los países.

En el improbable caso de que ocurriere una agresión de algún país a un Puerto Rico independiente, la defensa de nuestro suelo corresponderá a los más de 3.9 millones de puertorriqueños y puertorriqueñas que aquí vivimos. En esa eventualidad contaríamos con el auxilio del sistema interamericano de defensa. Puerto Rico ingresaría tan pronto fuese posible después de proclamada la independencia a la Organización de Estados Americanos. Al ingresar al sistema interamericano, nos cobijaría el Tratado de Río de Janeiro, conforme al cual todas las naciones del hemisferio, incluidos los Estados Unidos, se han comprometido a auxiliar a cualquiera de sus miembros que sea víctima de una agresión internacional.

 

Viajes al exterior

Luego de la independencia los puertorriqueños y puertorriqueñas podremos viajar libremente por todo el mundo. La independencia es para relacionarnos con el mundo entero y mantener relaciones de amistad y colaboración con el mayor número de países. En esas relaciones esperamos recibir visitantes del mundo entero y esperamos poder visitar, con nuestro propio pasaporte, igual número de países.

En cuanto a viajes a los Estados Unidos, la legislación plebiscitaria que consideró el Congreso hace unos años disponía para el libre tránsito de personas entre ambos países, como ocurre normalmente con países que mantienen relaciones especiales de cooperación, como será el caso entre Puerto Rico y Estados Unidos luego de la independencia. Es lógico que así sea en vista del número de compatriotas nuestros que a lo largo de los años se han establecido en dicho país. Demás está decir que en Puerto Rico los recibiremos con los brazos abiertos cuantas veces quieran visitarnos. Tampoco existirán restricciones de tipo alguno para quienes quieran viajar de Puerto Rico a Estados Unidos, ya sea para visitar parientes o amigos, estudiar o trabajar, en vista del libre tránsito que ha habido entre los dos países desde hace más de un siglo, y que continuará luego de la independencia.

¿Qué pasará con las agencias federales y los empleos que generan?

Para facilitar la transición de la situación actual a la independencia, se designará una Comisión Conjunta de Transición, integrada por representantes de Puerto Rico y del gobierno de Estados Unidos. Entre otras tareas, esta Comisión tendrá la encomienda de examinar las funciones de las diversas agencias federales que operan en Puerto Rico para recomendar cuáles de dichas funciones se trasladarán a las agencias equivalentes del gobierno de Puerto Rico y en qué forma se realizará dicho traspaso de funciones. La Comisión, además, propondrá recomendaciones sobre la necesidad de aprobar nueva legislación y de concertar acuerdos bilaterales entre Puerto Rico y Estados Unidos para asegurar la continuidad de aquellos servicios necesarios dentro de una transición ordenada y armoniosa. En muchos casos, este proceso resultará en la integración de funciones que antes realizaban agencias federales y puertorriqueñas, lo cual evitará la duplicación y redundará en mayor eficiencia gubernamental y en menos costos.
Tanto las plazas de trabajo como los beneficios marginales serán transferidos a las agencias del gobierno de Puerto Rico, en la forma y manera que diseñe la Comisión de Transición. EI capital humano desarrollado por las agencias federales será uno de los activos valiosos del país.

¿Que pasará con los fondos federales que reciben los individuos y el gobierno?

Los fondos federales que reciben los individuos y el gobierno en forma de “transferencias otorgadas”, es decir, los pagos que no constituyen “derechos adquiridos” de los ciudadanos, también continuarán durante el proceso de transición hacia la independencia.

De conformidad con el tratado de cooperación que regulará las relaciones entre Estados Unidos y la República de Puerto Rico, el gobierno de la República recibirá durante un período razonable de transición, ayuda económica y programática similar a la recibida en transferencias federales hasta el momento en que se proclame la independencia. Estos fondos contribuirán a transformar la economía colonial y dependiente a una economía próspera de pueblo libre.

La forma en que se administrarán estos fondos será determinada por las autoridades gubernamentales de Puerto Rico. Contrario a la situación actual, o lo que ocurriría en la estadidad, en que los fondos federales vienen asignados para usos específicos, durante los primeros diez años de transición económica en la independencia los fondos llegarán “en bloque.” Esto significa que seremos nosotros los puertorriqueños quienes determinaremos el uso óptimo de los mismos.

Naturalmente, una porción determinada de este dinero se utilizará como ayuda a familias de escasos recursos, para los incapacitados, niños y ancianos. No obstante, el fin primordial será el de fomentar actividades productivas que no sólo generen decenas de miles de empleos para nuestro pueblo, sino que además aumenten dramáticamente la productividad de nuestra economía, incrementen el ingreso de las familias, y rompan el círculo vicioso de dependencia que tantos males sociales ha sembrado en nuestro país a lo largo de las últimas décadas.

La conveniencia de ambas partes, los Estados Unidos y Puerto Rico, garantiza que se lograrán acuerdos de esta naturaleza. Así quedó establecido en las conversaciones y proyectos preliminares acordados con el Congreso de los Estados Unidos en el proceso del 1989-1991.

 

Interdependencia

La interdependencia que existe en el mundo se fundamenta en la independencia de cada país. Sin independencia no hay interdependencia. Es decir, la interdependencia se basa en la capacidad jurídica de concurrir en igualdad de condiciones con el resto de los países. El mundo de la interdependencia ha tornado la soberanía política en instrumento cada vez más conveniente para el desarrollo económico. Hace varias décadas quizás podía argumentarse que formar parte de una economía de gran escala como la de Estados Unidos era conveniente para lograr acceso libre al mercado de ese país o a sus fuentes de inversión. Hoy día, sin embargo, ante ejemplos como el Tratado de Libre Comercio en Norteamérica entre Canadá, Estados Unidos y México (NAFTA), la Comunidad Económica Europea que agrupa naciones de Europa Occidental, o los arreglos de integración económica regional del Pacto Andino y Mercosur en América del Sur, es evidente que la integración política no es necesaria para la integración económica, y que es la soberanía política la que permite a un país adaptar mejor sus decisiones y estrategias industriales a las realidades de la competencia por el capital transnacional.

La interdependencia requiere que Puerto Rico establezca relaciones diplomáticas y comerciales con aquellos países con los que estime importante relacionarse en su desarrollo económico y cultural, dentro de un marco de mutua conveniencia con dichos países, sin tener que desprendernos de nuestra soberanía o identidad como pueblo.

Bajo la estadidad o el E.L.A. sólo son posibles aquellas relaciones – tanto con Estados Unidos como con el resto del mundo – que el Congreso de Estados Unidos le permita a Puerto Rico conforme a la autoridad que tiene sobre Puerto Rico al amparo de la Constitución Federal. Por lo tanto, cualquier relación que Puerto Rico tenga con otro país, incluyendo la relación con los mismos Estados Unidos, es siempre una relación subordinada a la autoridad del Congreso. Un buen ejemplo de esta subordinación se vio recientemente cuando circuló la noticia a los efectos de que el Departamento de Estado de los Estados Unidos interesaba dificultar la participación de Puerto Rico como mero observador en las reuniones anuales conocidas como Cumbres Iberoamericanas. ¡Hasta para el intercambio cultural y la promoción comercial con países que forman nuestro entorno regional natural, se supone que le pidamos permiso a Washington!

La independencia le permitiría a Puerto Rico establecer relaciones con el resto del mundo mediante tratados bilaterales o multilaterales, mediante los cuales el país concurriría con igual capacidad jurídica que el otro o los otros países. Sólo la independencia nos faculta para aprovechar plenamente las oportunidades que ofrece en la actualidad la interdependencia global.

 

¿Por qué es preferible la independencia para mantener la identidad nacional y desarrollar nuestra cultura?

La independencia provee el marco natural que fomenta el orgullo nacional de cada puertorriqueño y puertorriqueña, consolida nuestro sentido de identidad y fortalece nuestra autoestima. AI salir de la subordinación que acarrea la relación colonial, y al no estar diluídos en una nación en que se disuelven las características propias de los diversos grupos que la integran como ocurriría en la estadidad, nos sentiremos verdaderamente dueños de nuestro propio destino. Por el contrario, las otras dos fórmulas propenden cada vez más hacia una acentuada asimilación de elementos culturales extranjeros.

Además del aspecto sociológico, jurídicamente la independencia pondrá en nuestras manos los poderes soberanos que necesitamos sobre la educación, la inmigración, las comunicaciones y otros aspectos que inciden sobre la cultura, para afianzar y desarrollar plenamente nuestra identidad nacional, sin las ambivalencias valorativas de la colonia ni la asimilación cultural que acarrearía la estadidad. Mientras continuemos en una relación de subordinación política y económica, continuará la tendencia que observamos en el Puerto Rico de hoy, de asociar la defensa de la cultura y la identidad nacional con el aislamiento y el folclor de un pasado en el que no se observaban influencias culturales del exterior. Sólo en la independencia, cuando hayamos reafirmado nuestra identidad y no nos sintamos amenazados por la asimilación cultural, es que podremos abrir nuestra cultura a las diversas corrientes culturales del mundo – y no sólo a la norteamericana como ocurre actualmente – para así desarrollar y fortalecer nuestra nacionalidad y enriquecer nuestra cultura en relación dinámica con otras naciones del mundo.

Los puertorriqueños y puertorriqueñas tenemos el derecho a mantener y desarrollar nuestra propia identidad y personalidad como pueblo. Es un legado que nos han hecho las generaciones anteriores. Tenemos la obligación ética y patriótica de enriquecer esa herencia y pasarla a las futuras generaciones. Con la independencia podremos alcanzar nuestro máximo potencial como pueblo y hacer nuestra aportación plena a la humanidad.

 

Democracia verdadera con la independencia

El colonialismo, por definición, es antidemocrático. Bajo el régimen colonial aplican innumerables leyes aprobadas por un congreso y un presidente extranjeros, lo cual constituye una negación de la democracia. EI ejemplo más dramático de esto lo hemos visto en el contexto de Vieques. Durante más de sesenta años, los Estados Unidos usurparon las tierras de Vieques y sometieron a la población de la Isla Nena a crasas violaciones a sus derechos humanos, atentando contra la tranquilidad, la salud, la vida y el derecho a prosperar económicamente y vivir en paz, todo ello contra la voluntad del pueblo viequense y del pueblo de Puerto Rico.

Miles de personas sufrieron cárcel por reclamar mediante la desobediencia civil el derecho a la paz. Eso no es democracia; es la negación de la democracia. Es tiranía. En la independencia todas las leyes y reglamentos que nos rijan serán aprobados por el gobierno de Puerto Rico – un gobierno propio de verdad – y el poder de nuestros legisladores y ejecutivo no se diluirá en un congreso y un gobierno federal que representan intereses distintos a los nuestros, como sucedería en la estadidad.

Los países son democráticos o autoritarios como resultado de su desarrollo histórico y su cultura política. Países independientes como Barbados, Costa Rica, Jamaica, Nueva Zelanda, Francia, Trinidad-Tobago y Estados Unidos, entre muchos otros, han vivido durante muchos años, como Puerto Rico, con regímenes electorales respetuosos de las libertades individuales. Sus pueblos, como el nuestro, han aprendido las bondades de las luchas políticas cívicas y rechazarían profundamente cualquier intento por establecer un régimen autoritario o dictatorial. Otros países no han tenido la misma experiencia histórica, y sus pueblos aún no han tenido experiencias prolongadas en democracia. En la actualidad, sin embargo, casi todos los países de nuestro hemisferio han vencido los regímenes dictatoriales de antes y disfrutan de un estado de derecho y de la democracia.

 

¿Por qué algunos países no han prosperado siendo independientes?

La independencia incrementa las opciones de progreso económico. Sin embargo, algunos países de América y del mundo, por ejemplo, vecinos caribeños como Haití y la República Dominicana, tuvieron que alcanzar su independencia sin contar con la oportunidad de un proceso previo de modernización política y económica. En la experiencia colonial de estos países no existió la opción de asumir paulatinamente funciones democráticas o de adelanto tecnológico y organizativo, como sí fue el caso de las trece colonias inglesas en Norteamérica. Cabe destacar, por otro lado, que países como Costa Rica y Uruguay, para mencionar dos estados nacionales pequeños, advinieron a la independencia más o menos cuando lo hicieron Haití y la República Dominicana; y ciertamente han alcanzado unos logros en calidad de vida que son comparables o superiores a los de Puerto Rico.

AI igual que a las trece colonias británicas les convino la independencia para convertirse en la República de los Estados Unidos de América, Puerto Rico no debe dudar que la soberanía política nos permitirá un uso más provechoso de los recursos humanos, sociales e infraestructurales que ya se han desarrollado bajo la colonia.

Después de todo, estos recursos se comenzaron a desarrollar verdaderamente una vez se nos permitió elegir un gobierno local puertorriqueño en la década de 1940, luego de cinco décadas nefastas de gobernadores norteamericanos. Pensar que con la independencia nuestra población volverá a los niveles de analfabetismo que tuvimos a principios de siglo, o que por arte de magia nuestras tuberías de agua y líneas eléctricas desaparecerán, o que se van a enrollar las vías públicas, o se van a desmontar las universidades del país, es subestimar irracionalmente la capacidad de nuestra gente, no ya de progresar, sino de siquiera retener conocimientos adquiridos y logros alcanzados.

En la independencia, el Pueblo de Puerto Rico adoptará mediante una asamblea constituyente, y luego ratificará mediante referéndum, una constitución que establezca un gobierno plenamente democrático, cuyos poderes estén divididos en tres ramas de gobierno, y que habrá de proteger todos los derechos humanos. Dicho gobierno protegerá las libertades civiles y políticas tradicionales como la libertad de expresión, de culto, de prensa, de asociación, los derechos de los acusados, las prohibiciones de discrimen y otros. También asegurará los derechos económicos y sociales, como el derecho al trabajo, la educación, la salud, la vivienda y la alimentación, entre otros, que aseguran el bienestar económico y social del Pueblo.

El mayor grado de democracia se logra cuando los gobernados tienen en sus manos el poder de tomar las decisiones que afectan su vida como pueblo. Sólo en la independencia podremos alcanzar el máximo grado de democracia.

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